Hacienda Chada, una de las mayores empresas agrícolas del país y ligada a la familia Barros, presentó a sus acreedores una propuesta de reestructuración financiera que incluye la venta de tres campos productivos, los que en conjunto suman más de 200 hectáreas. La compañía, que atraviesa un proceso de reorganización judicial para evitar la quiebra, busca renegociar pasivos por más de US$97 millones.
El caso es relevante más allá del sector agrícola. Hacienda Chada maneja más de 1.000 hectáreas repartidas en siete fundos entre las regiones Metropolitana y Coquimbo, dedicadas principalmente a la producción y comercialización de uva, cerezas y cítricos. Su modelo de negocio abarca desde el cultivo hasta la distribución global. En ese contexto, la decisión de poner en venta parte de sus activos productivos no es una salida desesperada, sino una estrategia financiera concreta: liberar capital inmovilizado en tierra para reducir deuda y dar viabilidad al resto de la operación.
En BMI creemos que este tipo de casos, más allá del sector específico al que pertenezcan, ofrecen una lección que aplica a cualquier empresa con activos inmobiliarios propios, ya sean campos, plantas, bodegas o terrenos. A continuación, repasamos qué está pasando con Hacienda Chada, qué llevó a esta decisión, y qué pueden aprender otras empresas sobre la relación entre activos inmobiliarios y salud financiera.
Qué está pasando con Hacienda Chada
Hacienda Chada fue adquirida por Agrícola Barros Ltda. en 2009 y, desde entonces, se posicionó como una de las compañías más relevantes del agro chileno, siendo pionera en la introducción de nuevas variedades de uva de mesa a partir de 2013. Sin embargo, la empresa enfrenta hoy una situación financiera compleja, agravada por una sobreoferta de cerezas que afectó su rentabilidad y por su estrecha relación comercial con BB Trading SpA, también conocida como Río King, su principal exportadora y proveedora de capital de trabajo, que a su vez inició su propio proceso de reorganización judicial.
Para enfrentar el escenario, Hacienda Chada ya había decidido vender parte de sus activos agrícolas durante el primer semestre de este año, enajenando dos campos que suman 155 hectáreas y cediendo un usufructo de un tercero por 192 hectáreas adicionales. Los recursos obtenidos se destinaron al pago de obligaciones financieras y a reducir su exposición crediticia con bancos como Consorcio, Bice y Santander.
Ahora, como parte de su propuesta formal de acuerdo de reestructuración presentada a los acreedores, la compañía plantea sumar tres campos adicionales, que en conjunto superan las 200 hectáreas, a su plan de desinversión.
Por qué vender activos productivos es parte de la estrategia financiera
Es común pensar que la venta de activos inmobiliarios por parte de una empresa es siempre una señal negativa. Sin embargo, en procesos de reestructuración financiera bien gestionados, la venta selectiva de propiedades cumple un rol estratégico claro: convertir capital inmovilizado en liquidez disponible para sostener la operación y honrar compromisos con acreedores.
En el caso de Hacienda Chada, los campos puestos en venta forman parte de un patrimonio de más de 1.000 hectáreas distribuidas en siete fundos. Esto le permite a la compañía priorizar qué activos vender sin comprometer la totalidad de su capacidad productiva, manteniendo en operación los campos más estratégicos mientras libera recursos a través de los que generan menor rentabilidad relativa o que resultan menos centrales para el negocio.
Esta lógica no es exclusiva del sector agrícola. Cualquier empresa con un portafolio de activos inmobiliarios propios —ya sean plantas, bodegas, oficinas o terrenos— enfrenta decisiones similares en momentos de tensión financiera: identificar qué activos son verdaderamente estratégicos y cuáles pueden convertirse en liquidez sin afectar la viabilidad del negocio.
El desafío de vender bien en medio de una reestructuración
Vender activos bajo presión financiera tiene un riesgo evidente: la urgencia puede llevar a aceptar condiciones desfavorables o a subvalorar propiedades que, con un proceso bien estructurado, podrían generar mejores resultados. Aquí es donde la diferencia entre una venta apresurada y una operación bien gestionada se vuelve crítica.
Una tasación comercial actualizada permite a una empresa en proceso de reestructuración conocer el valor real de mercado de sus activos antes de negociar con acreedores o potenciales compradores, evitando tanto la subvaloración como expectativas de precio poco realistas que terminan dilatando el proceso. En contextos como el de Hacienda Chada, donde existe presión de tiempo y múltiples acreedores involucrados, contar con esa información técnica desde el inicio puede marcar una diferencia significativa en el resultado final de la negociación.
Asimismo, la intermediación de activos inmobiliarios en Chile cumple un rol clave en estos escenarios: no se trata solo de encontrar un comprador, sino de identificar el perfil correcto de inversionista para cada tipo de activo, estructurar una estrategia de comercialización coherente y acompañar el proceso de negociación hasta el cierre, todo dentro de plazos que muchas veces están condicionados por compromisos financieros.
Qué variables determinan el valor de un activo productivo en venta
Cuando se trata de campos agrícolas u otros activos productivos, el valor no se determina únicamente por la superficie o la ubicación geográfica. Factores como la calidad del suelo, el acceso a agua y derechos de riego, la infraestructura productiva existente, el tipo de cultivo o uso actual, y la conectividad con centros de distribución o exportación, son determinantes para establecer un precio competitivo y atractivo para potenciales compradores.
También resulta relevante el contexto de mercado del segmento específico. En el caso de la fruta, por ejemplo, la sobreoferta de ciertos productos puede afectar tanto la rentabilidad operativa como el atractivo de los activos vinculados a esa producción, lo que exige un análisis más fino al momento de definir una estrategia de venta.
Qué pueden aprender otras empresas con activos propios
El caso de Hacienda Chada deja una lección que trasciende al sector agrícola: las empresas que mantienen activos inmobiliarios propios deberían evaluar periódicamente, y no solo en momentos de crisis, cuál es el verdadero valor de esos activos y qué rol cumplen dentro de su estrategia financiera global.
Esperar a que la presión de los acreedores o una situación de insolvencia obligue a vender bajo condiciones de urgencia suele traducirse en peores resultados que los que se obtendrían con una planificación anticipada. Conocer el valor de mercado actualizado del patrimonio inmobiliario de una empresa, entender qué activos son verdaderamente estratégicos para el negocio y cuáles podrían convertirse en liquidez en caso de ser necesario, es un ejercicio de gestión financiera que debería formar parte de la planificación regular de cualquier compañía con activos inmobiliarios relevantes.
Conclusión
El proceso que enfrenta Hacienda Chada ilustra cómo la venta de activos inmobiliarios y productivos puede convertirse en una herramienta central dentro de una estrategia de reestructuración financiera. Más allá del desenlace específico de este caso, la lección de fondo aplica a cualquier empresa chilena con patrimonio inmobiliario propio: entender el verdadero valor de esos activos, y contar con el respaldo técnico adecuado para gestionarlos, puede ser la diferencia entre una decisión financiera bien ejecutada y una oportunidad perdida.
En BMI creemos que este tipo de análisis no debería esperar a un escenario de crisis. Si tu empresa cuenta con activos inmobiliarios o productivos propios y quieres entender su verdadero valor de mercado, en BMI podemos ayudarte con tasaciones, estudios de mercado y asesoría estratégica adaptada a tu situación.
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